Protrepsis, Año 15, Número 30 (mayooctubre 2026). www.protrepsis.cucsh.udg.mx
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ISSN: 2007-9273
Protrepsis, Año 15, Número 30 (mayo - octubre 2026) 03 - 04
Editorial
Se cumplen ochenta años de la liberación y clausura de Auschwitz, símbolo extremo de la violencia
política organizada y del proyecto de exterminio que caracterizó al régimen nacionalsocialista. La
existencia de los campos de concentración y exterminio durante la Segunda Guerra Mundial cons-
tituye uno de los acontecimientos más decisivos para la conciencia moral y política contemporánea.
En ellos se puso de manifiesto hasta dónde puede llegar un poder estatal cuando desaparecen los
límites jurídicos, se anulan las libertades fundamentales y se transforma a grupos humanos enteros
en objetos de persecución y eliminación. La clausura de estos campos no significó únicamente el
fin de una maquinaria de muerte; representó también el inicio de un esfuerzo internacional por
reconstruir los fundamentos éticos, jurídicos y políticos de la convivencia democrática.
Auschwitz ocupa un lugar singular en esa memoria. Su nombre se ha convertido en referencia uni-
versal para pensar la degradación de la dignidad humana y los riesgos inherentes a toda forma de
dominación absoluta. Recordar Auschwitz no es un ejercicio meramente conmemorativo. Es una
tarea crítica que obliga a examinar las condiciones históricas, sociales e institucionales que hicieron
posible la normalización de la violencia y la obediencia ciega.
La reflexión filosófica sobre estos fenómenos dio origen a algunos de los análisis más influyentes
del siglo XX. Entre ellos destaca la obra de Hannah Arendt, quien identificó rasgos fundamentales
de los regímenes totalitarios, como la movilización permanente de las masas, el papel de la ideología
y la destrucción de los espacios de acción política autónoma. Su estudio del totalitarismo continúa
siendo una referencia indispensable porque muestra cómo el terror y la propaganda pueden trans-
formar radicalmente las estructuras sociales y las formas de juicio moral.
Junto a Arendt, otros autores contribuyeron decisivamente a la comprensión del problema. Carl J.
Friedrich y Zbigniew Brzezinski elaboraron una caracterización institucional del totalitarismo ba-
sada en el monopolio del poder político, el control de los medios de comunicación y la utilización
sistemática de la coerción. Theodor W. Adorno y Max Horkheimer exploraron las relaciones entre
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racionalidad instrumental, cultura de masas y dominación social, mientras que Claude Lefort ana-
lizó la naturaleza del poder en las sociedades democráticas y sus diferencias respecto de los regíme-
nes totalitarios. Más recientemente, estudios históricos y sociológicos de autores como Ian Kershaw,
Enzo Traverso y Emilio Gentile han ampliado nuestra comprensión de las dinámicas políticas, cul-
turales y simbólicas que favorecen la emergencia de formas extremas de autoritarismo.
Sin embargo, el desafío contemporáneo no consiste únicamente en comprender el totalitarismo del
siglo pasado. También exige repensar las nuevas manifestaciones del autoritarismo en un contexto
global marcado por la polarización política, la erosión de la confianza institucional, la expansión de
la desinformación y el fortalecimiento de liderazgos que cuestionan los principios del pluralismo
democrático. Aunque las circunstancias históricas actuales difieren de las que dieron origen a los
regímenes totalitarios europeos, persisten tendencias que justifican una vigilancia intelectual cons-
tante: la concentración del poder, la deslegitimación de la oposición, el debilitamiento de los con-
trapesos institucionales y la construcción de discursos que identifican enemigos internos o externos
como fundamento de la cohesión política.
Teorizar sobre el autoritarismo sigue siendo, por ello, una tarea urgente. No se trata solamente de
clasificar regímenes o describir procesos históricos, sino de comprender los mecanismos mediante
los cuales las sociedades pueden habituarse a la restricción de derechos, a la exclusión de determi-
nados grupos y a la reducción de los espacios de deliberación pública. La filosofía conserva aquí
una responsabilidad fundamental: ofrecer conceptos críticos para interpretar el presente, cuestio-
nar las formas de dominación y defender las condiciones que hacen posible la libertad política.
Este número de la revista Protrepsis, se invita a reflexionar sobre Auschwitz no como un episodio
concluido y distante, sino como una advertencia permanente. Ochenta años después, la memoria
de los campos de concentración continúa interpelándonos porque recuerda que la democracia, los
derechos humanos y la dignidad de las personas no son conquistas definitivas. Su preservación de-
pende de la capacidad colectiva para comprender el pasado, examinar críticamente el presente y
resistir toda forma de autoritarismo, en cualquier punto geográfico, modalidad y época en que éste
se presente.
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