Protrepsis, Año 15, Número 30 (mayo - octubre 2026). www.protrepsis.cucsh.udg.mx
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lasso, talor vo cerchand’io, donna, quanto è possibile, in altrui la disïata vostra forma vera”15
(Petrarca, 2005b: XVI).
Pero Petrarca es un hombre enamorado, abandonado ya a la contemplación inmoderada
(immoderata cogitatio), que, como Orfeo, en lugar de querer tocar o poseer a Laura, se pierde en su
ensoñada imagen mental, fantasmática, al fin y al cabo. Así, jamás podría poseerla del todo. Lo dice
así: “Por sol dexar el velo ni por sombra / jamás señora os veo”16, es decir no llega a verla nunca, ni
siquiera en las condiciones en que el velo podría ceder (ya con el sol o ya con la sombra). Si el velo
cayera, si el sol desnudara la luz de Laura por completo, la imagen se desvanecería al momento,
pues el alma sin el velo de los miembros es inaprehensible para el ojo humano. El simulacro interior
es la imagen que el deseo fabrica y conserva: un retrato sin soporte visible que habita el alma, y que
no cesa de producir efectos reales sobre el cuerpo: “s’avesse dato a l’opera gentile / colla figura voce
ed intellecto”17 (Petrarca, 2005b: RVF 78, vv. 3–4).
Es en este ludimus de ocultamientos donde habremos de encontrar el pneuma: “ludimus, et vario
tegimus speciosa colore”18 (Petrarca, 2005e: II,2). Este es el juego, en realidad, una estrategia de
preservación. Así, el autor insistirá en que el oficio del poeta es precisamente el occuluisse: ocultar
la verdad en lugares recónditos “iuvat alta profundis occuluisse locis”19 (Petrarca, 2005e: II,2) para
evitar su envilecimiento ante el vulgus (Fenzi, 2011:412). El velo solo adquiere volumen y sentido
cuando es movido por el spiritus, ese vehículo sutil que Agamben define como el mediador plástico
entre el alma y el cuerpo (Agamben, 2008: 59). En la cultura del Trecento, el spiritus constituye
una suerte de vapor caliente generado en el corazón que actúa como mediador entre lo inmaterial
y lo sensible, a lo que hemos calificado anteriormente de mediador plástico, pues agita la superficie
de lo visible para que la imagen pueda comparecer como tal. En este sentido, la visión no es ni podrá
ser jamás aquí un acto de transparencia y de acceso. Servio señala a Virgilio a la vez que se dispone
a descorrer un velo que permanece inalterable, un gesto de mediación hermenéutica pues con su
mano izquierda quiere revelar, no a un hombre desnudo, sino a un Virgilio que es puro espíritu
poético (Fenzi, 2011: 411). Ese velo agitado, movido, tocado por Servio es la prueba de que el poeta
sigue respirando. Dicho de otro modo: el velo es el límite que garantiza que el objeto poético
permanezca en su regazo-morada (estancia) sin ser destruido por una mirada demasiado posesiva.
De hecho, en su epístola, Petrarca reconoce que Servio ofrece “pauca semina rerum”20, lo que
resulta crucial, pues delata que el maestro no entrega la planta completa (la verdad desnuda), sino
tan solo su germen. Esta semilla es el punto de partida que requiere del pneuma del lector para
germinar, germinación que precisa del agua de una animación espiritual suficiente. El poeta da la
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15 “Así, ay de mí, a veces voy buscando yo, señora, en otros, en cuanto es posible, vuestra deseada forma verdadera”.
16 “Ni cuando (por el sol) dejáis el velo, ni cuando (por la sombra), os veo jamás, señora”.
17 “Si hubiese dado a la noble obra, junto con la figura, voz e intelecto”.
18 “Jugamos y cubrimos las cosas hermosas con varios colores”
19 “Agrada haber ocultado las cosas elevadas en lugares profundos”.
20 “Pocas semillas de las cosas”.