Protrepsis, Año 15, Número 30 (mayo - octubre 2026). www.protrepsis.cucsh.udg.mx
!
16! ! !
!
que el sociólogo Martin Shaw enfatiza que: “Para entender otros genocidios, por lo tanto, lo
imperativo no es compararles con el Holocausto, que como episodio específico fue necesariamente
único en muchos aspectos, sino interpretarlos en términos de una concepción general coherente”
(Shaw, 2007/2013: 79).
Esta se obtiene pensando el genocidio como una acción social que se incrusta dentro del conflicto
de las relaciones sociales con el poder del Estado o de una potencia militar que se ensañe contra la
población civil. Sobrepasando la tipología intencionalista, la extensión del aniquilamiento e incluso
la definición de la otredad negativa, el concepto de acción genocida se entiende como un proceso
de largo alcance que inicia mucho antes del exterminio, incluyendo así las estrategias de terror, la
exclusión tanto legal como física, así como la concentración en campos, y que acaba mucho después
de que estas prácticas sean neutralizadas al continuarse desde los modelos de narración y
representación de lo acontecido; de esta forma, las susodichas políticas del perdón y olvido siguen
manteniendo, en cierto sentido, a las poblaciones dentro de la esfera del proceso genocida.
Siguiendo este planteamiento, y contrastando distintos modelos teóricos de lo que podríamos
llamar un genocidio, el filósofo argentino Daniel Feierstein apuesta en este sentido por el concepto
de prácticas sociales genocidas:
Tecnología de poder cuyo objetivo radica en la destrucción de las relaciones sociales de
autonomía, cooperación y de la identidad de una sociedad, por medio del aniquilamiento de
una fracción relevante (sea por su número o por los efectos de sus prácticas) de dicha sociedad,
y del uso del terror, producto del aniquilamiento para el establecimiento de nuevas relaciones
sociales y modelos identitarios. (Feierstein, 2008: 83)
En la articulación que hace entre nazismo y el proceso de reorganización nacional argentino,
Feierstein distingue entre dos formas generales de genocidio: el preestatal, que usualmente es el
exterminio de grandes grupos de población a consecuencia de conquistas militares, y el genocidio
moderno, que se centra en el dispositivo exterminador como procedimiento funcional de la
modernidad en su búsqueda de organizar, estructurar y administrar la sociedad y sus sistemas de
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
homosexuales y todas aquellas personas que el gobierno determinara como poblaciones indeseables. La representante
de Wyoming, Liz Cheney acusó a Ocasio-Cortez de degradar la memoria de los seis millones de judíos exterminados
en el holocausto, por lo cual el tema se incrustó no solo dentro de las políticas de la memoria, sino también dentro de
los estudios sobre el genocidio. Distintos especialistas en el estudio del Holocausto han reflexionado sobre la
pertinencia —o no— del concepto de campo de concentración para referirse a los centros de detención administrados
por ICE, entre ellos Timothy Snyder, autor de Black Earth: The Holocaust as History and Warning, en su artículo On
concentration camps AOC is mistaken and Liz Cheney is wrong [Sobre los campos de concentración AOC se equivoca
y Liz Cheney también] (Snyder, 2019); Andrea Pitzer, autora de One Long Night: A Global History of Concentration
Camps, en How the Trump administration's border camps fit into the history of concentration camps [Cómo los campos
fronterizos de la administración de Trump encajan en la historia de los campos de concentración] (Pitzer, 2019); y
Michael Zank, director del Centro de Estudios Judíos Elie Wiesel de la Universidad de Boston, en la entrevista
realizada por Doug Most, Are ICE detention centers concentration camps? [¿Son los centros de detención de ICE
campos de concentración?] (Most, 2019).