
Protrepsis, Año 15, Número 29 (noviembre 2025 - abril 2026). www.protrepsis.cucsh.udg.mx
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clusivamente una dimensión del mundo para convertirse en un elemento trascendental: una con-
dición que permite que los fenómenos puedan ser percibidos y entendidos. Esta perspectiva modi-
ficó de raíz la discusión filosófica, pues situó al sujeto como centro articulador de la temporalidad.
En las corrientes que siguieron, especialmente en la reflexión sobre la vida y la existencia, el tiempo
se reveló como un fenómeno inseparable de la finitud humana. Más que una secuencia homogénea,
se lo concibió como una vivencia heterogénea: la duración, la anticipación, el recuerdo, la angustia
y la decisión dieron lugar a un examen del tiempo desde la perspectiva del ser que lo habita. El
tiempo dejó de ser un telón de fondo neutro para convertirse en el modo mismo en que se abre la
existencia. Con ello, la filosofía adquirió una sensibilidad nueva para comprender la historicidad y
la irreversibilidad que caracteriza al ser humano.
Por otro lado, el avance de las ciencias naturales transformó de manera significativa las aproxima-
ciones filosóficas al tiempo. La física formuló modelos que desafiaron la intuición cotidiana, mos-
trando que la temporalidad podía depender del movimiento, de la densidad o de la estructura
misma del universo. Estas consideraciones, lejos de resolver el problema, ampliaron la discusión:
la filosofía se vio obligada a distinguir entre tiempo físico, tiempo vivido y tiempo conceptual, así
como a preguntarse por las relaciones —o las rupturas— entre estos ámbitos.
En la filosofía contemporánea, el tiempo continúa siendo un campo de debate plural. Algunas co-
rrientes insisten en su carácter lingüístico y discursivo, destacando cómo la narración configura
nuestra comprensión del pasado y del futuro. Otras examinan la temporalidad desde perspectivas
ontológicas, interrogando la naturaleza del cambio, la posibilidad de la simultaneidad y el estatuto
de lo que aún no es. También hay enfoques que dialogan con las ciencias cognitivas para estudiar
cómo emerge la percepción temporal en la mente humana, o que dialogan con la tecnología y la
aceleración cultural para cuestionar los ritmos que definen la vida actual.
El estado actual de la cuestión revela que no existe una única concepción del tiempo que logre
imponerse sobre las demás. En lugar de ello, coexisten perspectivas que se complementan, se ten-
sionan y se enriquecen mutuamente. Esto no debe interpretarse como una falta de claridad, sino
como un reconocimiento de la complejidad constitutiva del tema. El tiempo, en tanto fenómeno
que atraviesa todos los aspectos de la experiencia humana, resiste toda reducción.
Mirar hacia atrás en la historia de la filosofía permite advertir que cada época ha proyectado en el
tiempo sus propias inquietudes: la búsqueda de orden, la salvación, la certeza, la libertad, la iden-
tidad o la comprensión científica. Hoy, en un mundo marcado por la velocidad, la incertidumbre y
la transformación constante, el tiempo vuelve a presentarse como un enigma que interpela tanto a
la reflexión teórica como a la vida cotidiana.
En este sentido, la revista Protrepsis ha convocado a que se escriba sobre esta compleja y viva rela-
ción entre tiempo y filosofía. Así, Andrés Budeguer visita de nuevo la Física de Aristóteles para