Protrepsis, Año 15, Número 30 (mayo - octubre 2026). www.protrepsis.cucsh.udg.mx
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Bergson señala en el célebre último párrafo de Las dos fuentes de la moral y la religión:
Alegría sería, en efecto, la simplicidad de la vida que propagaría en el mundo una intuición
mística difundida en él; alegría también la que seguiría automáticamente a una visión del más
allá en una experiencia científica ampliada. A falta de una reforma moral tan completa, será
necesario recurrir a los expedientes, someterse a una ‘reglamentación’ cada vez más invasora,
sortear uno tras otro los obstáculos que la naturaleza levanta contra nuestra civilización. Pero,
ya sea que optemos por los grandes medios o por los pequeños, se impone la necesidad de
tomar una decisión. La humanidad gime, medio aplastada bajo el peso de sus propios
progresos. No tiene la suficiente conciencia de que es de ella de quien depende su futuro. A
ella le corresponde, por lo pronto, ver si quiere continuar viviendo. A ella preguntarse,
después, si sólo quiere vivir, o, por el contrario, hacer el esfuerzo necesario para que se cumpla,
hasta en nuestro planeta refractario, la función esencial del universo, que es una máquina de
hacer dioses. (Bergson, trad. en 1996: 403)
Para Bergson, la humanidad es la responsable de llevar adelante su propia plenificación. De la
humanidad depende llevar a la vida más allá del movimiento en círculos que implica una
modernidad en la que el despliegue tecnológico se encuentra sujeto a las directrices de la sociedad
cerrada. La humanidad tiene ante sí el reto de llevar adelante la feliz satisfacción de las leyes de la
dicotomía y del doble frenesí, justo en el horizonte de experiencia del amor como caridad, como
motor interior del paso de la sociedad cerrada a la sociedad abierta.
Conclusiones. Vitalismo cristiano y filosofía de la historia
Bergson hace de su diagnóstico sobre la condición moderna el corolario de una filosofía de la
historia en la que el cristianismo hace inteligible el paso y la evolución de la Grecia antigua e Israel
a la Edad Media, y de la Edad Media a la modernidad. La filosofía de la historia bergsoniana se
constituye como un vitalismo que encuentra en el cristianismo su fundamento. Para Bergson, la
historia de la humanidad es la historia de la vida que se abre paso hacia el reino de la conciencia y
el espíritu en la construcción de la sociedad abierta.12 A través de las grandes almas que encarnan
el ideal cristiano, la humanidad encuentra la vía y la inspiración para afirmar la vida, dando lugar
a la creación de la sociedad con paz y justicia. Bergson señala al respecto: “Sin embargo, las grandes
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12 “El resultado [en La evolución creadora] era que el hombre, término del impulso vital, a partir de su organización
social, ha convertido en un movimiento circular (cerrado sobre sí), el movimiento rectilíneo y vital sobre el cual ha
estado largamente apoyado. La ruptura de este círculo, la marcha hacia adelante, es lo propio del verdadero místico,
que reanima el mundo por la caridad. Al señalar las consideraciones sobre la necesidad de la creación, no solamente
de la Tierra, sino del Universo, podemos decir que los místicos son aquellos que aprenden a sobrepasar la materialidad
gracias al amor divino […] Los místicos, ‘por lo mismo, han indicado al filósofo de donde viene y a donde va la vida’
Esta vez, ante la gran pregunta, ¿Quo vadis Domine? Bergson no vacila: el Señor es la vida y su destino consiste en
triunfar sobre la materialidad para conferir al amor no como sustancia, sino como función —Amor triumphant de Dio—
una lucidez más grande y una precisión más acabada” (Philolenko,1994: 380; traducción del autor).