Protrepsis, Año 15, Número 29 (noviembre 2025 - abril 2026). www.protrepsis.cucsh.udg.mx
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ISSN: 2007-9273
Protrepsis, Año 15, Número 29 (noviembre 2025 - abril 2026) 161 - 166
Recibido: 02/09/2025
Revisado: 27/11/2025
Ensayo: El tiempo, la opresión y la memoria en El 18
Brumario de Marx: una lectura crítica con Dominick
LaCapra
Lucía de Lourdes Agraz Rubin 1
1 Universidad Autónoma del Estado de Morelos
Cuernavaca, Morelos. México
E-mail: luciaar@gmail.com
https://orcid.org/0000-0003-4508-9128
Resumen:
La noción de tiempo en la historia no es neutra. Hay un tiempo lineal que instauran las
clases dominantes, en particular la burguesía que, mediante su discurso hegemónico, crean la idea
de un tiempo progresivo. Esta ficción cumple una función política: sostener el statu quo y
garantizar la reproducción de la dominación. Por otro lado, se encuentra la experiencia temporal
de los oprimidos, marcada por la repetición de la exclusión y el silenciamiento. En esta
temporalidad, las condiciones de explotación, miseria y violencia social vuelven una y otra vez. La
lectura crítica que elabora este texto sobre la interpretación de la historia que hace Dominick
LaCapra y su concepto de trauma y la necesidad de apropiación de memoria, revela la irrupción
del anacronismo. Esta conceptualización permite comprender cómo los colectivos que no logran
elaborar sus memorias permanecen atrapados en un ciclo vicioso. Bajo esta lectura de la historia, se
revisa la temporalidad que Karl Marx expone en El 18 Brumario de Luis Bonaparte, donde muestra
cómo el tiempo que experimenta el oprimido retorna y revela en la lucha de clases la explotación
heredada como tragedia y también como farsa. La articulación entre ambos pensadores permite
reflexionar sobre la necesidad de la reapropiación de la memoria y un discurso que los represente
como un campo de lucha política que posibilite la resistencia.
Palabras clave
: Tiempo lineal, tiempo del oprimido, trauma, resistencia, memoria, anacronismo.
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Abstract:
The notion of time in history is not neutral. There is a linear time imposed by the
dominant classes, particularly the bourgeoisie, who, through their hegemonic discourse, create the
idea of progressive time. This fiction fulfills a political objective: to maintain the status quo and
guarantee the reproduction of domination. On the other hand, there is the temporal experience of
the oppressed, marked by the repetition of exclusion and silencing. In this temporality, the
conditions of exploitation, misery, and social violence return again and again. The analysis
developed in this text, based on Dominick LaCapra’s interpretation of history and his concept of
trauma and the necessity of memory appropriation, reveals the irruption of anachronism. This
conceptualization allows us to understand how collectives that fail to work through their memories
remain trapped in a vicious cycle. From this perspective on history, we also revisit the temporality
that Karl Marx presents in The Eighteenth Brumaire of Louis Bonaparte, where he shows how the
time experienced by the oppressed returns and reveals, in the class struggle, exploitation inherited
both as tragedy and as farce. The articulation between these two thinkers allows to reflect on the
necessity of the reappropriation of memory and of a discourse that represents the oppressed as a
political field of struggle that enables resistance.
Keywords:
Linear time, time of the oppressed, trauma, resistance, memory, anachronism.
La tradición de todas las generaciones muertas
oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos
Marx
Introducción
El tiempo constituye un motor principal para la historia que articula los tiempos diversos (pasado,
presente y futuro) que interactúan en los procesos sociales y políticos complejos. Por el contrario,
la historia como disciplina, organiza cronológicamente hechos y períodos rígidos de tiempo. Un
análisis crítico de la historia requiere una revisión de los conflictos entre narrativas diversas y la
memoria. Esta revisión es necesaria ya que nunca es una elección neutra cuando se trata de la
memoria de los grupos silenciados y oprimidos. Es producto de un conflicto entre un tiempo lineal
y un tiempo otro, ya sea fragmentado o que retorna. La concepción lineal y progresiva de tiempo
de la historia misma es producto de la visión de la burguesía que supone un tránsito acumulativo a
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formas de desarrollo. Contrapuesto a este concepto del tiempo, tanto Marx en El Dieciocho
Brumario de Luis Bonaparte, como Dominick LaCapra en sus reflexiones en Historia en tránsito:
experiencia, identidad y teoría crítica, revelan un tiempo otro lleno de retornos y anacronismos.
Marx muestra que la historia aparece “una vez como tragedia y la otra como farsa” (Marx,
1852/2006: 13). LaCapra, por su parte, abre un análisis sobre las huellas del pasado que
reaparecen para los colectivos cuando no hay algo resuelto. Hacer una lectura crítica en ambos
autores tiene por objeto pensar que la historia de los grupos oprimidos no es un mero relato de
continuación, sino una experiencia marcada por la dominación que engendra violencias, la más
aniquiladora de todas: el silenciamiento. El tiempo es por lo tanto un concepto atravesado por el
poder y la disputa por la memoria que impone qué y quiénes pueden ser recordados u olvidados.
Como advierte Orwell en 1984: “Quien controla el pasado controla el futuro. Quien controla el
presente controla el pasado” (Orwell, 2003: 19). El tiempo histórico no es lineal más que para la
burguesía y se manifiesta como repetición, hasta que los oprimidos y silenciados disputan la
memoria y el discurso que fueron instrumentos de dominación. Analizar el tiempo desde esta
perspectiva permite mostrar que colectivos marginados y explotados pueden convertirse en una
fuerza inicial transformadora al reapropiarse la memoria abriendo posibilidades de resistencia.
El concepto de tiempo e historia en LaCapra
El tiempo no puede entenderse bajo una lógica de progreso lineal hasta llegar a la idea de fin de la
historia introducida por la economía de mercado (LaCapra, 2019: 16). Afirmar que la historia ha
concluido es una forma que legitima y normaliza las condiciones sociales, políticas y económicas
actuales, auspiciadas por el mercado capitalista y limitada acción política. Lo anterior sugiere que
no hay posibilidades de un cambio histórico fuera del sistema actual basado en la imposición de la
idea de un tiempo lineal como estrategia ideológica que perpetúa estructuras dominantes.
La historia como disciplina concibe los sucesos que acontecen en el tiempo como un proceso de
causa y efecto. Por el contrario, LaCapra desarrolla el concepto de trauma como el elemento que
irrumpe en el tiempo lineal produciendo anacronismos (LaCapra, 2019: 164). Las personas o los
colectivos que no han podido reapropiarse una memoria propia sobre aquella impuesta y opresora
se encuentran en una temporalidad de repeticiones. De ahí la importancia que señala LaCapra de
que los grupos marginados se apropien de la memoria porque ésta abre una posibilidad de futuro
diferente si críticamente el colectivo reelabora el pasado. Reapropiarse de la historia o disputar un
lenguaje dominante no produce la historia, no cambia el pasado, pero abre una posibilidad,
expone la necesidad de que el grupo oprimido recupere su memoria y construya una narrativa
propia:
Uno de mis objetivos es esclarecer el concepto de experiencia, sobre todo en lo que atañe a la
comprensión histórica. En la década pasada, los historiadores han tomado o retomado la
cuestión de la experiencia, en particular respecto de los grupos no dominantes y de problemas
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tales como la memoria en relación con la historia. El giro experiencial ha provocado un
creciente interés en la historia oral y el rol que ésta desempeña en la recuperación de las voces
y experiencias de los grupos subordinados u oprimidos, de los que quizás no ha quedado rastro
suficiente en los documentos e historias oficiales. (LaCapra, 2019: 17)
En este sentido, los feminismos, a través de la interpretación y la recuperación de la memoria, abren
un espacio político y social en que sus voces habían sido históricamente excluidas. La
reivindicación zapatista de la memoria indígena y campesina marginada rompe con la modernidad
neoliberal resistiendo con otras formas de vida comunitaria y autonomía. El movimiento de
discapacidad oponiéndose a las estructuras que históricamente han justificado la marginación por
medio del déficit, se opone también al discurso capacitista hacia una reivindicación por derechos y
justicia social. Finalmente, el último movimiento que ha saltado a la escena política es el del
colectivo neurodivergente, específicamente por las personas autistas, que suman esfuerzos para
elaborar una memoria del grupo y una resistencia que disputa el discurso y las categorías que
históricamente los han patologizado. Estas resistencias son ejemplos vivos de anacronismos que
irrumpen en el tiempo lineal de la sociedad burguesa. El aporte de LaCapra radica en el análisis de
la tensión entre repetir la historia heredada y poderla revisar críticamente. La historia de los
oprimidos no es por tanto una sucesión de hechos externos, sino un tiempo discontinuo, disputable
y con posibilidad de resistencia bajo categorías discursivas propias.
A propósito de 18 Brumario y el tiempo del oprimido
El 18 Brumario de Luis Bonaparte (1852) es escrito por Marx como texto político para analizar los
fenómenos políticos y la lucha de clases. Muestra una serie de repeticiones de opresiones a la masa
informe de grupos más marginados, el lumpenproletariado, bajo un control sistemático de élites
dominantes (Marx, 1852/2006: 62). El lumpenproletariado, todos aquellos desposeídos urbanos
que no son reconocidos ni social ni políticamente, son instrumentalizados por Bonaparte para dar
el golpe de estado en 1851. Marx centra también su análisis en la opresión económica y social del
campesinado que experimenta una continua repetición de la miseria:
Los campesinos, defraudados en todas sus esperanzas, oprimidos más que nunca, de una
parte, por el bajo nivel de los precios de los cereales y, de otra parte, por la carga de las
contribuciones y por el endeudamiento hipotecario, cada vez mayores, comenzaron a agitarse
en los departamentos. (Marx, 1852/2006: 57)
Para someter las protestas, las clases dominantes optaron por una represión y control social a través
de una abatida furiosa y un sistema de espionaje policíaco, eclesiástico y burocrático (Marx,
1852/2006: 57). Esta espiral de opresión retorna cada vez con más fuerza y de igual manera la
represión. Según lo explica Marx, las élites perciben amenazante a la lucha por las libertades civiles
que concederían mayor autonomía a los grupos marginados: “Las llamadas libertades civiles y los
organismos de progreso atacaban y amenazaban, al mismo tiempo, en la base social y en la cúspide
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política, a su dominación de clase, y por tanto se habían convertido en socialistas” (Marx,
1852/2006: 58). Este pasaje ilustra cómo cualquier avance de los oprimidos es estigmatizado y
castigado por la clase dominante y, por lo tanto, el discurso de las libertades busca ser vaciado de su
contenido para poder ser manipulado. Marx también describe la práctica dominante de mantener
la ilusión del cambio mientras resguarda la estructura de poder y utiliza el discurso ideológico para
perpetuar la dominación: “Francia exige ante todo tranquilidad” (Marx, 1852/2006: 58).
Sistemáticamente, la historia de los oprimidos se configura como un eterno retorno de
levantamiento y represión.
El tiempo de los oprimidos que analiza Marx muestra que no es un tiempo lineal o que lleve al
progreso o a la liberación, por el contrario es un tiempo repetitivo de miseria y devaluación de su
trabajo, en el que reaparecen formas de represión cada vez más violentas. Es también un tiempo
fracturado por la explotación económica marcada por el ciclo agrícola y enmascarado por la farsa
política, que en este evento histórico está encarnado en Bonaparte y en su ejercicio de la
manipulación ideológica (Marx, 1852/2006: 62). En este plano ideológico, la política es un teatro
que maquilla el mismo orden de dominación bajo un control de la memoria del pasado y que bajo
un mandato de tranquilidad, de mantener el statu quo, utiliza la historia para someter y oprimir a
los mismos grupos.
La tragedia heredada es que estos grupos no son solamente económicamente explotados, sino que
no tienen una representación política. Es una de las razones por las que son instrumentalizados por
Bonaparte, quien se erige como jefe del lumpenproletariado, al ser él un representante del discurso
dominante y de una élite no silenciada por la historia:
Este Bonaparte, que se erige en jefe del lumpemproletariado, que sólo en éste encuentra
reproducidos en masa los intereses que él personalmente persigue, que reconoce en esta hez,
desecho y escoria de todas las clases, la única clase en la que puede apoyarse sin reservas, es
el auténtico Bonaparte, el Bonaparte sans phrase. (Marx, 1852/2006: 67)
Bonaparte utiliza como un parásito a las masas explotadas para soportar su ejercicio de poder, para
conseguir sus propios fines gracias a la grieta que se abre en la fragmentación entre estos, en su nula
representación social y política.
Volviendo al epígrafe que inaugura este ensayo: “La tradición de todas las generaciones muertas
oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos” (Marx, 1852/2006: 13) punto de encuentro con
una lectura crítica de Historia en Tránsito de Dominick LaCapra: si los grupos oprimidos no
elaboran una memoria de grupo y se apropian de un discurso que abra otras posibilidades, están
sentenciados a revivir el trauma y la tragedia heredada infinitamente. No elaborar narrativas que
los representen, categorías para nombrarse y para resistir el discurso dominante, es una
perpetuación del silenciamiento y del hecho de ser absorbidos por el discurso dominante al utilizar
sus mismas categorías.
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Una conclusión sobre el tiempo lineal y el tiempo del oprimido.
El tiempo no lineal que presenta El 18 Brumario muestra que la historia se repite y que no avanza
para los oprimidos de manera recta, sino que retorna con los mismos fantasmas del pasado, incluso
más violentos cada vez. Este tiempo no está cerrado, no está terminado, es anacrónico. Vuelve
siempre de manera conflictiva y persistente en tanto explotación y manipulación. El tiempo no
lineal abre las posibilidades de la lucha de clases, y es donde puede ser apropiado e incluso
transformado. En caso de que esto no suceda, está condenado a repetirse. La concepción lineal del
tiempo es producto de la sociedad burguesa que presenta una lógica histórica que encadena un
suceso con otro hacia un fin. Por el contrario, El 18 Brumario muestra que el tiempo de los
oprimidos es un retorno que en la degradación del presente interactúa con la fuerza del pasado:
Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias
elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran
directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado. La tradición de todas las
generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos. (Marx, 1852/2006:
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El pasado no es un archivo inerte, como pretende presentarlo la clase dominante, es una fuerza que
a través del motor del tiempo, retorna y oprime. El tiempo lineal oculta la opresión bajo la lógica
del progreso; y el tiempo fragmentado que revelan Marx y LaCapra es el de una necesidad de lucha
que no se libra exclusivamente contra las condiciones materiales de explotación, sino que requiere
una reapropiación de la memoria y del discurso para que los oprimidos puedan transformar el
trauma en posibilidades de resistencia.
Bibliografía
LACAPRA, Dominick (2019). Historia en tránsito: experiencia, identidad, teoría crítica. Gedisa.
MARX, Karl (1852/2006). El 18 Brumario de Luis Bonaparte (W. Roces, Trad.). Siglo XXI
Editores.
ORWELL, George (1949/2003). 1984 (M. Solà Llovet, Trad.). Tusquets Editores.
Acceso Abierto
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